jueves

Relajación en nuestra vida

Practicando la Relajacion


"Lo pesado es la raíz de lo ligero.
La quietud es más poderosa que la agitación"



La relajación es un estado físico, emocional y mental, o expresado de modo más general, físico y psíquico. Realmente no hay diferencia entre estos dos campos, por lo que la relajación es un estado integral en el cual nuestras moléculas y átomos adquieren una vibración diferente, una sutilidad, un equilibrio , produciendo y alimentándose de una energía superior.

Relajarse es dejar que nuestro cuerpo se autorregule y funcione de acuerdo con la naturaleza, sin intervenir. Es una actitud que se cultiva en el diario vivir. Este es el principio básico. Sin saber vivir de una forma correcta, equilibrada, consciente, sin identificación y con una constante atención dirigida, difícilmente tendremos éxito en lo que se viene llamando prácticas de relajación.

La relajación en la vida diaria es básica. Tenemos la tendencia a dar mayor importancia a todo aquello que consideramos exterior, y olvidarnos de nosotros mismos, de nuestros estados interiores. Nuestros esfuerzos e inquietudes  se canalizan hacia el mundo material que nos rodea o aquel que desearíamos que nos rodeara sin percatarnos de que la vida real no es externa , sino interna. Todo lo que nos rodea y lo que físicamente somos es un reflejo de nuestros estados internos. El auténtico cambio no se produce fuera y tiene efectos dentro, sino más bien al contrario. Fluye de nuestra psiquis y se manifiesta en todo cuanto exteriormente somos y nos rodea.
Lo que se pretende con la relajación es  una mejora de nuestra calidad de vida, y con ello no nos referimos a estatus social y personal aunque también y, como consecuencia, se verán afectados. Más bien se trata de mejorar la “calidad” de nuestros pensamientos, sentimientos e impresiones. El curso de los acontecimientos que vivimos, aunque pensemos lo contrario, difícilmente está en nuestra mano modificarlo. Lo que sí podemos cambiar es la forma de vivirlos y con ello su repercusión y consecuencias, y ello se consigue llegando a ser dueños de nosotros mismos, dirigiendo conscientemente nuestras reacciones y eligiendo cómo queremos sentirnos en cada momento.

Para aprender a vivir de forma relajada, en un estado de tranquilidad, sosiego y bienestar es necesario aprender a no retener la energía densa, problemas, preocupaciones, lo que llamamos situaciones difíciles, temores, angustias... todos estos estados forman nudos energéticos, acumulación y colapso de energía que al no fluir se densifica aún más, afectando a nuestro organismo y a nuestra psiquis, modificando y determinando nuestra forma de ver la vida y nuestra relación con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea. Aprender a fluir como las aguas de un arroyo es ser siempre los mismos pero siempre renovados, nuevos, llenos de vitalidad.

Fluir es también desarrollar la capacidad de adaptación sin aferrarnos a nada. Todo fluye, cambia y se mueve. La inmovilidad no existe en el universo ni tampoco en el microcosmos hombre. Por esto cuando nos apegamos y nos aferramos a cualquier cosa, persona, circunstancia, apariencia, edad... etc. lo que estamos haciendo es crear un tensión y con ella el miedo a que desaparezca aquello a lo que nos hemos aferrado, la angustia porque cambie, la preocupación porque se mantenga... etc. Estos son ejemplos de reacciones que crean ¨tensión¨ e impiden vivir fluyendo y renovándonos continuamente. Hay que aprender a dejar que las cosas tomen su camino porque en cualquier caso, así será.

El agua es el elemento de la naturaleza que nos muestra la capacidad de flujo y de adaptación, toma cualquier forma pero sigue siendo agua, no lucha por seguir un camino concreto, pero siempre encuentra cauce. Parece suave, pero es capaz de corroer las rocas.

Si aprendemos a vivir de un modo diferente, limando asperezas de nuestro interior, renunciando a controlar e imponer, generaremos  una energía superior, sutil que se reflejará en cada acto e irá creando y atrayendo circunstancias diferentes en nuestra vida porque lo exterior siempre es un reflejo de lo interior.

Lo contrario a la relajación es la tensión que significa obstaculizar la corriente energética, es retención, aferrarse, oponerse e imponerse. Querer imponernos es una de las principales fuentes de tensión, el querer que prevalezca nuestra opinión, nuestro criterio, nuestra forma, nuestros deseos...

Vivir fluyendo es convertirnos en cada momento en lo que hacemos, es la auténtica forma de crear en la cual pasamos a formar parte del resultado y el resultado de nosotros. Es abrir un cauce en nuestro interior por el que discurra la energía sutil de la inspiración y llegar a hacer de nuestra vida un constante proceso creativo.

Si por algo podemos empezar para aprender a vivir relajados, es cultivando la reflexión. La superficialidad, la prisa, el estrés, las reacciones instintivas...forman parte de la vida cotidiana, sin embargo no nos conducen a cimentar sólidas bases interiores. Para vivir relajados es fundamental εvitar el instintivismo y fomentar el contacto con nosotros mismos. Mediante la reflexión adquirimos un refinamiento, una sutilidad psíquica que se verá reflejada en nuestra forma de hablar y comportarnos y al mismo tiempo nos proporcionará un estado de serenidad que es imprescindible para comprender, aceptar, auto conocernos y, en definitiva nos conduce al auténtico cambio. La persona que siempre está tensa y angustiada crea en su psiquis un desasosiego, inestabilidad, ansiedad. Se vuelve complicada, difícil, llena de laberintos e ideas contradictorias porque se encuentra en un estado de total desorganización psicológica, ha perdido el contacto consigo misma y la capacidad de autorregularse.

El segundo aspecto y un punto fundamental para vivir relajados es vivir con nuestro centro mental sosegado. La mayoría de los desequilibrios y tensiones que se manifiestan en el cuerpo físico y a nivel emocional provienen y se alimentan de cierto tipo de pensamientos. Sin estrés ni angustia no hay tensión muscular, y sin pensamientos que alimenten la angustia no hay situaciones angustiosas. Lo mismo podríamos decir de cada una de las emociones negativas.

Sentimos como pensamos y vivimos lo que sentimos. La educación de nuestro físico, y en concreto de los movimientos, posturas, palabras, gestos etc. comienza por la mente. Y lo mismo sucede con el control y la capacidad de trascender los estados emocionales negativos. La relajación mental nos coloca en un estado superior, nos saca del laberinto de oposiciones y contradicciones desde el cual no es posible autocontrolarnos ni relajarnos.

Si una persona es capaz de vivir con su centro mental en relajación, todos los procesos fisiológicos tanto conscientes como inconscientes, las funciones orgánicas, la circulación de la sangre, el bombeo del corazón, el ritmo respiratorio... etc. se procesarán de forma armónica y equilibrada. Del mismo modo sus estados emocionales serán fácilmente controlados y transformados al tomar conciencia en cada momento de los sentimientos que le embargan.

Vivir en un estado mental relajado se consigue manteniéndonos en el presente. .  Hay que hacer en cada momento lo que estamos haciendo de forma íntegra, con el cuerpo, mente y sentimiento, sin dispersión.  La relajación más profunda de la mente llega cuando vivimos íntegramente el aquí y ahora. La causa del conflicto está en el constante vagar mental hacia el pasado y hacia el futuro. Es preciso educar la mente para que el pasado no se mezcle con el “ahora” , para “dejar ir” lo que ya vivimos , recuerdos, imágenes, circunstancias etc. , para no seguir reaccionando interiormente frente a algo que ya pasó e imaginando que hubiéramos podido hacer y no hicimos. Evitaremos así estados de agitación y cansancio mental. Cuando lo decidamos podremos revivir la situación conflictiva, estudiarla y estudiarnos a nosotros mismos para conocernos mejor, aprender y progresar.

Por otra parte, se ha calculado que un hombre medio produce diariamente unos 60.000 pensamientos. Todos ellos se refieren a preocupaciones, cuestiones y problemas cotidianos y lo más importante es que en su mayoría cada día son los mismos 60.000 pensamientos. No existe una creatividad, una apertura, una reflexión que nos lleve a conclusiones nuevas. Nos limitamos a pensar lo mismo sobre las mismas cosas y de forma continua y reiterada.
 

Para que cualquier actividad se desarrolle de forma equilibrada y productiva debe estar sometida a ciclos. Es imprescindible para un correcto funcionamiento mental que a un periodo de actividad le siga uno de inactividad, es decir, de silencio mental. Ese estado en el cual no existen pensamientos y que nos acerca a la meditación. Ese estado del que surge un tipo de conocimiento que no es mental, sino intuitivo.


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